La carrera es su prioridad. Para este tipo de ejecutivas, todo puede esperar por que su desarrollo profesional no tenga límites. Reconocen en ellas mismas un gran talento y amplias capacidades que deciden poner por completo al servicio de la compañía y, en este camino, perciben que es incompatible esta opción de vida con el desarrollo de una familia.
Esta elección personal es su principal fortaleza, ya que, como señala Verónica Oxman: "Ellas deciden muchas veces no tener una familia, por ejemplo, y dedicarse a algo que las apasiona mucho". Así, buscan perfeccionarse permanentemente, lo que trae como consecuencia directa el tener más posibilidades de desarrollo, incluso fuera del país. Eso les abre, además, el camino hacia altos cargos a nivel internacional, ya que no tienen nada que las aferre a un territorio.
Sin embargo, a pesar de todo, muchas veces encuentran grandes obstáculos dentro de su misma empresa, al toparse con ejecutivos que no logran mirarlas como pares. "Los hombres, dentro del ámbito del trabajo, no han cambiado y siguen con la visión de que las mujeres son inferiores", argumenta Verónica Oxman. Frente a este panorama, muchas veces ellas optan por tomar un modelo masculinizado de desempeño en sus puestos.
Según señala Rose Marie Blanc, "hay mujeres que quieren parecer hombres, en la manera de conversar y en la agresividad e, incluso, en la manera de vestirse". Agrega que por esta vía están renunciando a atributos femeninos, como la flexibilidad, la capacidad de trabajo en equipo y el liderazgo, que en las mujeres suele darse con más naturalidad, y que son un inmenso aporte a los cargos ejecutivos en las organizaciones.
Leslie Cooper añade que, "al asumir formas de actuar que no les son naturales, toman características que no son agradables para una empresa. Y en los tiempos que corren, en que cada día más se privilegia la inteligencia emocional, la mujer debería tener una ventaja competitiva muy grande sin tener que actuar de esta manera". Por eso es que esta ejecutiva -según Cooper- también debe luchar contra el hecho de que "si una mujer plantea sus puntos de vista con la fuerza y la pasión con que lo hacen los hombres, normalmente será vista como agresiva, como alguien que pasa a llevar". Por otro lado, señala que estas ejecutivas toman decisiones más rápidas, lo que en ciertos cargos es muy valorado. Y que las "competitivas" implican un desafío para las empresas, en el sentido de que para mantenerlas deben estar ofreciéndoles nuevos retos; de otra manera, ella puede buscarlos en otro lugar.
Para Rose Marie Blanc, la principal falencia de estas ejecutivas está en su salud mental. "Hay momentos en que se requiere disfrutar de la familia y, en muchas oportunidades, estas mujeres llevan una existencia muy solitaria, lo que a la larga, genera insatisfacciones emocionales".
Ornella Bono añade que la vida familiar de estas mujeres suele pasar por grandes crisis, ya que, al llevar una vida enfocada en la carrera, "han sacrificado sus matrimonios y han descuidado un poco a los hijos". En el futuro esto puede fundar en ellas un cuestionamiento por no haberse dedicado lo suficiente a su pareja e hijos, o por no haber sido madres.
Sin embargo, Verónica Oxman señala que "cuando se hace una opción de esa naturaleza, se opta por una vida distinta, de más autonomía y en ella el poder ocupa un lugar muy importante". En este sentido, las satisfacciones de las ejecutivas competitivas son de otro nivel y pueden llegar a ser equivalentes a formar una familia.



Son muy ambiciosas y siempre que se proponen algo, lo consiguen, sin duda.